martes, 20 de diciembre de 2016

Anita (parte 1)

Hola, me llamo Ana - Anita para los amigos - y quiero compartir algo que me sucedió la otra noche, una experiencia única que no podía quedarme para mí sola:

Tengo 20 años, soy de Valencia y puedo decir que he vivido demasiadas aventuras para mi corta edad; mi cara de niña inocente y no haber roto un plato me ha llevado a múltiples situaciones que casi siempre he podido aprovechar. Soy de complexión delgada; además, me encanta el gym y hacer deporte, siempre que puedo me enfundo mis mayas ¡y a sudar en el gym! Es algo que me encanta: ver esos cuerpos sudorosos tanto de chicos como de chicas, sólo de imaginármelo me mojo… Como digo, estoy bastante delgada, así que me esfuerzo por fortalecer y acentuar la parte de mi cuerpo que más me gusta y que más gusta: mi culo, pequeñito, redondito y muy respingón, ¡pero sobretodo muy muy tragón! Sí, ¡me encanta el sexo anal! Me encantaría tener más pecho, pero operarme no entra en mis planes. Uso una talla 85 de sujetador y, como ya he mencionado, tengo carita de niña buena o de niña pequeña (según a quien le preguntes). En lo que sí coincide todo el mundo es en el morbo que les da mi cara y lo viciosa que puede llegar a ser mi mirada y, lo confieso, me encanta ser así de viciosa, ¡¡¡me encanta el sexo!!!

Bueno, pues llevo un tiempo saliendo con un chico, nada serio, pero nos llevamos muy bien y en la cama nos entendemos genial, así que cada fin de semana que podemos, hacemos planes. Esa misma mañana, había recibido un WhatsApp de mi “amigo” donde me invitaba a cenar y me pedía que me vistiera de forma provocativa, como sólo yo sabía hacerlo. Y ahí estaba yo, delante del espejo de mi habitación probándome modelitos. Al final, me decidí por una combinación fatal para cualquiera con quién me cruzara: taconazos de infarto negros, faldita muy muy corta de color negro y arriba una camisa blanca; siempre me ha encantado el look de secretaria o ejecutiva. Por supuesto, no llevaba nada debajo, así que cuando salí a la calle para esperar a mi amigo, noté el frio de la noche golpeando todo mi cuerpo, los pelos se me erizaron al mismo tiempo que mis pezones se ponían de punta, marcándose en la camisa blanca. Me miré y sonreí, hoy iba con ganas de guerra, mucha guerra.

Mi amigo llegó a los pocos minutos de estar en la calle esperando por él y sólo por la cara de bobo que se le quedó al verme y la erección que se empezaba a notar en su pantalón, supe que había acertado.

-        Woooo Anita! Estás tremenda, qué sexy, siempre estupenda y con esas gafitas (se me había olvidado mencionar que llevo gafas jeje) pufff para follarte aquí mismo.
-        Pues no te cortes y, por mí, hazlo.

Los dos soltamos una carcajada y nos fundimos en un beso largo y vicioso, intercambiando saliva, nos estábamos literalmente devorando y metiendo mano el uno al otro. Mi amigo descubrió pronto que no llevaba ropa interior y, ni corto ni perezoso, en plena calle con coches pasando a escasos centímetros de nosotros dos, metió varios dedos dentro de mí. Consiguió que me empezara a mojar y arrancarme un par de suspiros. Creo que, si no nos llegan a pitar un par de coches que pasaban por ahí, me lo hubiese follado ya en el portal de mi casa.

Nos montamos en el coche. Yo ya iba a 100, así que subí mi falda y empecé a masturbarme mirando para él. Su polla crecía dentro de sus pantalones, así que decidí liberarla… Saltó como un resorte y mientras me masturbaba con una mano, con la otra acariciaba su polla mientras el conducía.

De camino al restaurante paramos en varios semáforos, no me importaba quién nos viera, pero ya llegando a nuestro destino, justo a nuestro lado se paró un grupito de chicos que me empezaron a silbar y piropear, así que decidí abrirme la camisa y enseñarles las tetas. Vi cómo alguno de ellos me sacaba fotos con el móvil y les tiré un par de besos: me ponía demasiado pensar en cuántas pajas se harían esa noche pensando en cómo me follarían. Por suerte o por desgracia, llegamos a nuestro destino muy cachondos los dos, tanto que le suplique a mi acompañante que me follara antes de cenar, pero él me pidió que siguiera así de cachonda, que me tenía una sorpresa preparada esta noche, así que (a regañadientes) entramos en el restaurante.

Cenamos tranquilamente mientras charlábamos un poco de todo: de cómo nos había ido la semana, poniéndonos un poco al día… mientras cenábamos y seguíamos poniéndonos cachondos el uno al otro. Mientras esperábamos que nos trajeran el primer plato, no me pude resistir y disimuladamente me metí debajo de la mesa, saqué esa maravillosa polla que tiene mi “amigo” y comencé una buena mamada. Por suerte, las mesas tenían un amplio mantel que las tapaban enteras y nos permitía seguir con este tipo de cosas; ahora sinceramente creo que Luis (así se llama mi amigo) había escogido ese restaurante por eso.

La cena trascurrió sin más sobresaltos por parte de ninguno, con pequeños toqueteos del uno al otro, pero nada importante. Hasta que llegó el momento del postre, donde, mientras la camarera nos tomaba nota de lo que queríamos, mi amigo sin previo aviso metió uno de sus dedos en mi vagina. Salté en la mesa. Traté de disimular lo que pude, más por miedo a que nos echaran del local que a que la chica que nos atendía se diera de cuenta, es más, creo que por la mirada cómplice que me dedicó se había dado cuenta de todo lo que había pasado.

Después de pagar la cuenta, comenzamos a andar en dirección contraria al coche. Miré extrañada a mi compañero:

-        ¿A dónde me llevas? ¿Cuál es esa sorpresa?
-        ¿Alguna vez has ido a algún club?
-        ¿Club? ¿Qué tipo de club? – pregunté.
-        Club liberal, de intercambio de parejas. Un club dedicado única y exclusivamente al vicio, la perversión y al sexo.

Mis ojos se abrieron como platos: tenía muchas ganas de ir a un sitio de ésos, pero nunca había conocido a nadie que quisiera ir, ni siquiera mi primer novio con el que descubrí lo mucho que me gustaba el sexo y con el que probé casi todo.

-        No me digas que me vas llevar a uno - pregunté mirándole a los ojos.

Él simplemente sonrió y asintió con la cabeza. Me lancé literalmente a su cuello y lo besé, con pasión y con agradecimiento.


-        Pero este no es un club normal… - comenzó a explicarme – Verás, este club es algo selecto; no puede entrar cualquiera ni todo el mundo sabe de su existencia, sólo se entra por invitación directa de un miembro veterano o si vas a acompañada de alguien que ya esté invitado o sea socio de él. Así que espero que entiendas lo que te puedes encontrar ahí.

Anita (parte 2)

No me lo podía creer, iba a cumplir una de mis fantasías y, además, tenía toda la pinta de que iba a ser en un sitio donde sólo la élite podía entrar. Mi excitación crecía y me notaba más y más húmeda.

-        ¿Puedo preguntarte cómo lo conoces tú y cómo formaste parte de él?
-        Sí, claro. Hace un tiempo estuve saliendo con una chica unos cuantos años más mayor que yo. La verdad es que fue una buena relación, ella tenía dinero y me consentía todos los caprichos y yo sólo tenía que encargarme de que quedara satisfecha en la cama y, créeme, era un trabajo agotador: era insaciable, tuvimos auténticos maratones de sexo. Pero mi sorpresa fue cuando en uno de esos encuentros que teníamos en su piso no estaba sola, sino que estaba acompañada de su marido. Al principio me asusté, pensé que me pegaría una paliza o algo peor, pero no. El hombre empezó a hablar conmigo y a contarme que era algo que solían hacer a menudo, ligar con chicos y chicas más jóvenes para alimentar su morbo y sus aventuras sexuales. Casi nunca duraban más de un par de encuentros, pero en este caso su mujer se había encaprichado conmigo y por eso había durado más la relación conmigo y no querían que se acabara… si yo quería, claro.

Yo escuchaba atentamente, estaba intrigada y excitada y además pensaba por qué yo no había vivido una historia así… sin duda era muy excitante.

-        Te mentiría si no te dijera que al principio dudé - mi amigo continuaba su relato -, pero después de tomarnos una copa y hablar con ellos, terminamos los tres en la cama. Fue un polvo brutal, muy morboso; no te imaginas lo cachondo que estaba, follándomela mientras el marido nos miraba y se masturbaba. Así que empezamos una rutina de vernos cada fin de semana, a veces los tres, otras veces sólo nosotros dos, otras veces era el marido quien se traía a alguna amiga para que nos la folláramos entre los 2 y, alguna que otra vez, era ella la que se traía a alguna amiga. Yo, intrigado, les pregunté que cómo era posible que conocieran a tanta gente de mente tan abierta y dispuesta a follar así con un desconocido y sin poner pegas, si les pagaban o algo, pero se rieron y, muy seriamente, me miraron y me contaron la existencia de este club. Te aseguro, Ana, que no te puedes imaginar las chicas que se llevaban a esos encuentros, ¡menudos pibones! Así que les pregunté si alguna vez me podrían llevar al club y ¡dicho y hecho!, a las pocas semanas ya no nos veíamos en su piso, sino que veníamos directamente aquí.

Nos habíamos parado delante de una casa, era un edificio antiguo de 4 plantas. Lo miré intrigada. Cuando me dijo lo del club, me lo imaginé de otra forma, así que mi cara de incredulidad tenía que ser muy grande.

-        jeje ¿sorprendida? - me preguntó.
-        Pues sí, la verdad es que no me esperaba esto.
-        ¿Y qué esperabas? ¿Luces rojas de neón y un letrero enorme?  jeje No te acabo de decir que es un club selecto sólo para elegidos? Jeje Anda, pasa, vamos adentro.

Lo vi timbrar y a los pocos segundos se abrió la puerta automáticamente. Pasamos y, de la misma forma que se abrió la puerta, ésta se cerró. Estábamos en un amplio recibidor con un vestidor para dejar las chaquetas, estaba muy iluminado y había una mesita en medio de la sala. Al fondo, una puerta custodiada por 2 guardias de seguridad enormes que, según entré, clavaron la mirada en mí. No pude resistirlo: me imaginé siendo follada por los dos, la imagen en mi mente era tremendamente morbosa, ellos tan grandes y fuertes y yo tan pequeña que podían hacer cualquier cosa conmigo… Me relamía de gusto sólo de imaginármelo, así que me di la vuelta enseñándoles mi culito y, mientras besaba a Luis, subí un poco mi falda enseñándoles mi culito.

La puerta del fondo se abrió y salió de ella una pareja de mediana edad. Él, muy guapo, alto, moreno, ojos verdes, una espalda amplia; me imaginaba follándomelo mientras le clavaba las uñas en la espalda, llevaba puesta una camiseta ajustada que le marcaba cada músculo del cuerpo y abajo unos vaqueros. Ella llevaba puesto un vestido negro ceñido que realzaba cada curva de su cuerpo, tenía una cintura de avispa y lo que llamaba la atención era su generoso pecho, enmarcado por un escote de tipo balcón que dejaba más bien poco a la imaginación, morena y de ojos oscuros. La verdad es que era una pareja impresionante.

-        Hola Luis, te estábamos esperando - le dijo él mientras se daban un apretón de manos.
-        Sí, bueno, la cena, que se alargó un poco jeje
-        Espero que lo pasarais bien, chicos - dijo ella mientras besaba a Luis en la boca.
-        Bueno, ésta es Anita. Te presento a los que fueron mis padrinos en el club, son Manuela y Arturo, la pareja de la que te hablé antes.
-        Hola, encantada de conocerlos.
-        Créeme guapa, el gusto es todo nuestro - me dijo ella, al tiempo que se acercaba a mí y me besaba, repitiendo el beso que le había dado a Luis hacía escasos segundos. Nuestras lenguas se juntaron y el tiempo pareció detenerse, fue un beso cálido cargado de lujuria y de pasión.
-        Hey, hey, hey! Chicas, tranquilas, que si todo va bien tendremos toda la noche por delante - nos interrumpió el marido de ésta.
-        Bueno Ana, imagino que Luis te ha explicado un poco en qué consiste este club y el tipo de ambiente que hay por aquí.
-        Sí, me ha dicho que es un club muy selecto.
-        Así es, querida. Verás, aquí puedes encontrar de todo: gente como vosotros que se han “reclutado” por su atractivo físico o por lo bien dotado que está o por la especial relación con uno de los miembros del club.
-        Pero - interrumpió Arturo - también hay gente VIP, gente conocida por la sociedad: futbolistas, actrices, modelos, políticos; en definitiva, gente que mañana mismo puede ser portada de alguna revista y que quieren guardar su anonimato, así que, Ana, en este momento tienes que tomar una decisión.
-        Sí, querida - interrumpió ella - tienes que decidir si quieres entrar en este mundo que te abrimos ante ti o salir corriendo por donde has venido.

Mi respuesta fue rotunda: “quiero entrar”. Ambos se miraron y me sonrieron,

-        Bueno, Anita - me dijo él -, no es tan fácil como eso, necesito que firmes un contrato de confidencialidad, por lo cual todo lo que veas aquí o en todo lo que participes aquí permanecerá en secreto dentro de esta casa. Quiero que leas este contrato y lo firmes cuando estés lista. Tómate tu tiempo, ya que es importante que entiendas todo lo que ahí se especifica, ¿vale?

Asentí con la cabeza y comencé a leer el documento que tenía entre las manos. Tenía un montón de cláusulas que no entendía, pero me daba igual: yo solo podía pensar en follar y en ver todo el mundo que ante mí se estaba abriendo, así que sin acabar de leerlo firmé el contrato y se lo entregué a Arturo, que me miraba divertido.

-        No has podido esperar más, ¿eeeehh? - me sonrió.
-        Pues no, me pueden las ganas jeje Sólo una pregunta.
-        Sí, claro, dime Ana.

-        ¿Me puedo follar a los 2 guardaespaldas?

Anita (parte 3)

Los 4 empezamos a reírnos a carcajadas, mientras Arturo se acercaba lentamente hacia mí. Me agarró del culo bajo la falda levantándome del suelo, para después besarme.

-        Creo que vas encajar perfectamente aquí, pero me temo que hoy no te los vas a poder follar, es una de las normas: los de seguridad no pueden participar en nuestros juegos mientras estén trabajando, pero, cuando acaban su turno, pueden ser invitados a participar o directamente puedes darles tu número, por eso no hay ningún problema.
-        Bueno, ¿qué te parece si entramos y te enseñamos un poco las distintas habitaciones? - dijo Luis.
-        ¡Sí, vamos! Estoy deseosa, pero antes déjame darles mi número a estos chicos.

Así que en dos papelitos escribí mi número de teléfono y se los metí en el bolsillo del pantalón a cada uno. Cruzamos la puerta y entramos en un pub con música para bailar, no estaba muy alta, lo cual permitía hablar. En medio de la pista, dos chicas bailaban muy sensualmente jugando entre ellas, se besaban y metían mano mientras la gente las miraba. En uno de los laterales había varias mesas redondas flanqueadas por butacas de cuero donde sentarse. Justo a continuación de la puerta de entrada, había un pequeño bar atendido por una camarera que estaba nada más y nada menos que ¡desnuda! Estaba más bien rellenita, pero tenía algo que era muy morboso, sus tetas colgaban de forma exagerada y me imaginé chupando y mordiendo ese pezón.

-        ¿Qué quieres tomar, Ana? - Me preguntó Arturo.
-        Ufff… pues no me importaba comerle las tetas a ella, para empezar jeje
-        jajaja ¡Anita, vienes con ganas, eehhh! Pero, ¿no te apetece beber nada?
-        Sí, tomaré un ron con Coca-Cola, por favor.
-        Esmeralda, por favor, ponme un gin-tonic para mí y para ella un ron con Coca-Cola, nos lo llevas a la mesa número 2, por favor.
-        Claro, Don Arturo, ahora se lo llevo. ¿Ustedes no quieren nada, Doña Manuela y Don Luis?
-        No, gracias, Esmeralda. Yo me llevo a este bombón arriba para follármelo un rato, que tengo ganas, mientras mi marido le enseña la casa a Ana y, por favor, Esmeralda, ya te lo tengo dicho, ¡nada de Doña, que me haces más mayor! Si no, tendré que llevarte a uno de los cuartos y volverte a azotar.
-        Uy, entonces, señora Manuela, creo que seguiré llamándola Doña - contestó Esmeralda entre risas.
-        Anita, te dejo en manos de Arturo, ¿vale? Pásalo bien y disfruta como tú sabes.
-        Claro, Luis, y gracias por traerme aquí…

Nos despedimos con un buen morreo y vi cómo los dos desaparecían por una puerta al fondo de la sala cogidos de la cintura, mientras nosotros nos dirigíamos a una de las mesas.

-        Bueno, Ana, ¿qué te parece el sitio de momento?
-        Pues de momento es muy interesante, pero cuéntame más de este sitio, por favor.
-        Está bien, te cuento: es un bloque de edificios completamente insonorizado para no molestar a nadie, poco a poco nos vamos expandiendo, actualmente tenemos esta casa de 4 plantas y las dos contiguas. acondicionadas para cumplir cualquier fantasía que puedas tener. Además, tenemos ya varios edificios de la parte de atrás comprados para empezar a remodelarlos y poder hacernos con el bloque de edificios, para construir una piscina en medio del solar que hay, pero las cosas van lentas, ya que aún hay inquilinos en alguno de los otros edificios. Bueno, como te decía, hay muchas habitaciones y con temáticas distintas. Por ejemplo, tenemos una cama redonda en una de las habitaciones, rodeada por espejos para no perder detalle de nada. Tenemos la zona de los jacuzzis donde deben de estar mi mujer y Luis follando (ya que siempre les encanta empezar por ahí). Existe también una pequeña mazmorra para los amantes del BDSM, otra habitación que es de mis preferidas donde practicar “glory hole”, un cuarto oscuro, una habitación especial para mirar sin ser visto, o por lo contrario otra donde sí te pueden ver.
-        Espera, espera – interrumpí -, ¿tenéis un cuarto oscuro? Quiero empezar por ahí, ¡por favor! Arturo, llévame ya ahí, vamos juntos.
-        Pero Ana, las copas vienen de camino.
-        Arturo, si me llevas ya a ese cuarto, prometo hacerte una de las mejores mamadas de tu vida.
-        Está bien, vámonos… - me dijo con una mirada lasciva.

Esmeralda acaba de llegar con las copas, así que le pedimos que se las llevara a cualquier otro miembro de la sala de nuestra parte. Yo me acerqué y le toqué las tetas mientras la miraba; ella me devolvía la mirada sonriendo y nos fuimos.

Salimos por otra puerta distinta a la que había salido Manuela y Luis, recorrimos un corredor con espejos a los lados. Se podían ver distintas habitaciones; me asomé a alguna donde pude ver auténticas orgías… Arturo tiraba de mí literalmente, mi lado más voyeur salía con esas ventanas y no podía parar de mirar esos cuerpos sudorosos teniendo sexo. Subimos unas escaleras mientras Arturo me metía mano bajo la falda; iba empapada por lo que veía y por la idea del cuarto oscuro y ¡por fin llegamos! Entramos en una habitación donde había una cama, a los lados había un montón de ropa y al fondo una gran puerta.

-        Bueno, Ana, ésta es la habitación del cuarto oscuro. Puedes dejar tu ropa ahí encima, o si lo prefieres la próxima vez en la entrada, en cualquiera de los sitios está vigilada, hay un sistema de video-vigilancia las 24h del día ya que esta casa nunca se cierra, siempre hay alguien aquí. Algunos hemos llegado a pasar una larga temporada aquí dentro, saliendo sólo para comer. Como ves, la habitación no tiene mucho más, ya que el atractivo es lo que hay detrás de la puerta del fondo. Una vez que entres, quiero que entiendas que puede pasar cualquier cosa; si algo no te agrada, sólo tienes que decir “no” y la persona que está a tu lado te dejará. Verás una luz roja encima de la puerta de salida para que abandones la habitación cuando quieras y, bueno… poco más puedo explicarte, sólo que me debes una buena mamada…
-        Ufff Arturo, vamos ya para dentro que me muero de ganas de chuparte la polla. - Le dije relamiéndome, mientras empezaba a desabrochar mi camisa.

Él me sonrió y se sacó la camiseta; como imaginaba, era un cuerpo bien trabajado sin llegar a ser el típico “musculitos” de gym, estaba muy bien. Me estaba poniendo más y más cachonda, sobre todo cuando vi que se bajaba los pantalones y salía una larga polla.

-        Joder Arturo, estoy por tirarte en esa cama y follarte directamente, qué buena pinta tiene eso que te cuelga ahí…
-        jajaja Tranquila niña, ya te follaré bien follada, ahora mismo me apetece esa mamada a oscuras y después, ya veremos.

Lo cogí literalmente de la polla y me fui directa a la puerta. La empujé con suavidad y pude ver una imagen que me puso los pelos de punta: un montón de hombres apoyados contra la pared disfrutaban de una mamada mientras varias chicas estaban de rodillas en el suelo. No pude ver más, ya que Arturo se apresuró a cerrar la puerta detrás de nosotros, ¡ahí estaba la gracia de ese sitio!


Según se cerró la puerta, noté la mano de Arturo empujando mi cabeza hacia abajo, no opuse resistencia y bajé buscando con mi boca su pene. Estaba en un estado semifláccido, así que fue fácil para mí meterlo entero en mi garganta y comenzar una mamada rápida e intensa. Quería que se pusiera dura, quería ver como de largo y gordo era ese pedazo de carne que hacía un rato había admirado. 

Anita (parte 4)

Mi mamada surtía efecto y la polla crecía en mi boca, lo que había comenzado como algo rápido y frenético, ahora era más lenta, más profunda, recorriendo cada centímetro de piel, saboreándola, notando cada vena de su tronco. Los gemidos de Arturo se mezclaban con los del resto, tenía una buena polla entre las manos, en este momento bastante larga y de un grosor más que aceptable, me la imaginaba entrando lentamente en mi culo y me ponía más y más cachonda; me la metí entera en la boca y oí a Arturo soltar un gran gemido. Seguía chupando sin parar cuando noté cómo una mano se acercaba a mi cabeza y, una vez que me localizó, noté cómo otra polla se restregaba con mi pómulo, así que alternaba entre esa nueva polla y la que ya conocía. Por el otro lado noté cómo alguien se ponía a mi lado de rodillas y jugaba también con la polla de Arturo, así que decidí abandonar esa polla para investigar qué más había en ese cuarto. Le di una última lamida a Arturo y continué a 4 patas por la sala, buscando nuevas pollas con las que jugar.

Cuando llevaba ya un rato dentro, ya había perdido la cuenta del número de penes que me había encontrado; los había de todos los tamaños y formas: más largos, más cortos, algunos tremendamente gruesos - tanto que sólo podía chuparles el glande - y otros pequeñitos con los que jugar. Alguno de ellos se había corrido en mi boca, otros directamente en mi cara y alguno me había salpicado por estar al lado. También había jugado con alguna chica mientras compartíamos la polla del chico.

Ya estaba cansada de tanta mamada, así que mire hacia la salida. Estaba en la otra punta, así que en vez de volver andando con normalidad, decidí volver en una ronda rápida de mamadas y probar otra vez todas las que me encontrara, dándoles un par de chupadas y saltando a la siguiente. Llevaba ya un par de pollas así cuando me choqué con otra persona a 4 patas; a modo de disculpa, subí mi mano lentamente por su muslo para masturbar a la chica y continuar mi camino, cuando de repente llegué a su entrepierna y me encontré una polla dura y gorda, muy mojada. Mi sorpresa fue mayúscula, pero lejos de asustarme la agarré con firmeza y seguí masturbándola con fuerza, mientras me comía otra polla con la boca. Mi acompañante en el suelo gemía, oía los gemidos muy muy cerca de mi oído, así que acelere el ritmo de la mamada y el chico se vino en mi boca. Lo tragué con gusto (una de las cláusulas del contrato era pasar exámenes periódicos de enfermedades).

Me acerqué a mi acompañante y pegué mi boca a la de él para compartir la polla que estaba chupando y éste, al notarme así de cerca, me besó. Compartí los restos de semen que aún tenía con él, no podía estar más cachonda… Ya me había corrido unas cuantas veces mientras chupaba distintas pollas, pero la situación estaba siendo muy morbosa, así que volví a masturbarme, pero mi nuevo amigo había tenido la misma idea, así que sus dedos llegaron antes a mi húmeda vagina.

Seguimos chupando aquella polla a la vez hasta que conseguimos que se corriera entre auténticos gritos de placer. Yo me había corrido también gracias a los dedos que jugaban con mi coño. Mi compañero entonces se levantó y puso su polla delante de mi boca, no dudé y me la comí de un golpe, pero no pude hacer nada más, ya que él me sujetó fuerte del pelo y comenzó a follarme la boca a un ritmo bestial hasta que terminó corriéndose dentro de mi boca. Esto había sido demasiado para mí, así que cuando me soltó el pelo, me levanté y busqué la salida directamente.

Cuando salí a la habitación los ojos me dolían, no sabía cuánto tiempo había estado ahí dentro, mis ojos tardaron en acostumbrarse a la luz, pero lo primero que vi fue maravilloso. En la cama había dos chicas jugando entre ellas, no podía verlas bien desde donde estaba, así que me acerqué más a ellas; eran 2 chicas jóvenes de no más de 25 años. Una de ellas, la que estaba debajo, pelirroja con tetas más o menos como las mías, pequeñas y con un pezón rosadito. Tenía pequitas por todo el cuerpo. La otra era una morenaza de escándalo, con unos ojazos claros que quitaban el hipo, unas buenas tetas y un muy buen culo.

Estaba la una a la otra comiéndose el coño en un morboso 69, tanto que ni me vieron acercarse. Yo estaba tan ensimismada por la visión de esos dos cuerpos esculturales que la mano se me fue sola a mi entrepierna, disfrutaba viéndolas y oyéndolas gemir como dos diosas. En ese momento, la morena levantó la cabeza y me clavó la mirada, nuestras miradas se cruzaron y me sonrió.

-        Deja de tocarte y ven a jugar con nosotras, anda…

Su voz, su tono, no sé lo que fue, pero obedecí como un autómata. Mi parte sumisa salía a relucir y sólo podía obedecerla; me sentía como la presa de una pantera. Me subí a la cama y empecé a besar a la pelirroja mientras jugaba con el cuerpo de la morena, no sabía cuál de las dos estaba mejor. Jugaba con las dos, mordía el culo de la morena y después besaba a la pelirroja, besaba a la morena y metía los dedos en el coño de la pelirroja, que estaba adornado por una pequeña mota de pelo naranja. Me lo estaba pasando genial cuando me fije que en el otro costado de la cama había un montón de juguetes y uno llamó especialmente mi atención. Me baje rápidamente de la cama mientras mis acompañantes me miraban divertidas. No me lo podía creer: en esa maleta de juguetes que salía de uno de los costados de la cama, había varios arneses con los que poder tener sexo.

-        Dios, ¡quiero probar esto, chicas! ¡No sabéis las ganas que tenia de probarlo!
-        Jajaja Mírala, parece una niña el día de Navidad con los regalos - dijo la morena.
-        Por favor, poneros uno cada una y folladme - pidió la pelirroja.
-        Eso quieres, ¿eh, perrita?  - dijo la morena.
-        ¡Síiii!

La morena se levantó de la cama y se acercó donde estaban los juguetes para escoger uno de los arneses que había ahí, escogió uno con doble dildo y miró para mí.

-        ¿Quieres que te escoja uno? - Me miró divertida.
-        Bufff…estoy en tus manos, escoge el que quieras.
-        Así me gusta: obediente.

Me tendió el que ella se acababa de poner, lo cual me pareció muy muy morboso. Notaba como cada vez estaba más mojada y ya había perdido la cuenta de los orgasmos que había tenido, pero seguía teniendo ganas de más.

Me ayudó a la hora de ponerme el arnés y ella hizo lo propio con el suyo, la visión de las dos con esos penes de plástico era muy morbosa y nos acercamos a la pelirroja. Acercamos los dildos a la boca de la chica y los empezó a chupar con ganas, pero yo quería algo más, así que me fui directa a su coño para follárselo. Empecé con muchas ganas, era una de mis fantasías más recurrentes, cada vez que me masturbaba me imaginaba en una situación así, follándome a alguna de mis compañeras de clase, o alguna compañera del gym.

Lo estaba disfrutando, oía como la chica gemía sin parar y eso me encantaba. Noté un mano suave que me cogía del brazo, abrí los ojos y vi a la otra chica a mi lado.

-        Déjame a mí también un poco, ¿no? - Me dijo sonriendo.
-        Sí, sí, claro, es que… bufff… no sabes lo que me gusta esto…
-        Vale, vamos a hacer una cosa: como verte así de caliente y ver cómo te la follabas me tiene más que cachonda a mí, voy a tumbarme, ¿vale? y ella se va a poner encima mía.
-        ¿Vamos a hacer una doble penetración? - Dijo la otra chica con voz entrecortada.
-        Si nuestra nueva amiga quiere, sí. ¿Qué dices, estás preparada para follarte este culito?
-        ¡Lo estoy deseando! - dije casi con desesperación.

-        Vale, pero tienes que prometerme que me vas a dejar follarte - Me dijo la morena con una mirada más que penetrante.

Anita (parte 5)

Sólo pude agachar la mirada y asentir con la cabeza, pero esto no le debió de gustar mucho a la chica, ya que en la habitación retumbo un enorme ¡zas! Me había dado una bofetada. La cara me picaba, pero el coño me palpitaba. No sabía lo cachonda que me había puesto eso, mi lado sumiso salía a la luz. Levanté la mirada y ahí estaban esos ojos verdes mirándome, clavándome la mirada, me sentía totalmente a su merced, sentía que podía hacer conmigo cualquier cosa sólo por esa mirada.

-        Te he hecho una pregunta y espero una respuesta, no un simple gesto con la cabeza. Quiero oírte esa respuesta.
-        Sí, quiero que me folle.
-        ¿Ves? Así me gusta: que seas una perrita obediente. Vamos a darle caña y después me encargaré de ti, guapa…

Y, dicho esto, nos fundimos en un suave beso cargado de lujuria, de pasión; sentía que me entregaba a esa persona con ese beso, era como si estuviera firmando nuevamente un contrato, un contrato donde me entregaría a ella siempre que me lo pidiera.

Vi cómo se colocaba en la posición que me acaba de indicar y cómo la otra chica se subía encima de ese falo de plástico. Se fundieron en un beso mientras la chica morena me abría el camino con las manos al otro agujero de la pelirroja, la visión de esa polla entrando en su coñito y el ano bien abierto me encantaba. Acerqué mi cara y aspiré el aroma que emanaba de ese cuerpo, simplemente olía a lujuria. Escupí en el agujerito trasero de la chica y lo extendí con los dedos mientras metía un par de ellos en el estrecho culo y después extendí también un poco en el consolador que tenía yo. Me subí a la cama y empecé a introducirlo lentamente en el culo de la chica, que suspiraba y gemía entre placer y dolor. Notaba la estrechez de ese agujero, la resistencia que ponía y la presión que ejercía el otro dildo introducido en la vagina, pero no cesé en mi empeño de meterlo entero.

Mientras todo esto pasaba, éramos ajenas a la cantidad de chicos que salían y entraban del cuarto oscuro. Alguno se quedaba a vernos sin atreverse a interrumpirnos, otros salían y se masturbaban viéndonos, pero nosotras estábamos en una burbuja.

Había conseguido ensartar a la chica y podía moverme lentamente dentro de su cuerpo, no quería hacerle demasiado daño, pero sí me encantaba oírla quejarse de lo gordo que era mi dildo y cómo la estábamos destrozando entre las dos. Llevábamos ya un par de minutos en esa posición y ya podía moverme con comodidad, mi dildo salía y entraba en ese agujero sin oposición Lo sacaba casi del todo para después volver a meterlo de golpe, sin piedad con la chica. Le estaba dando una brutal follada cuando noté unas manos que se posaban en mis caderas. Miré hacia atrás y pude ver a Arturo detrás de mí; tenía la polla súper dura.

-        Hola Arturo.
-        Hola Anita, veo que te lo estás pasando más que genial con ellas.
-        ¡Ufff! No lo sabes tú bien, Arturo… ¿Y tú que tal te lo has pasado?
-        Yo llevo un buen rato viéndote follar y ya no me puedo esperar más, guapa.

Diciendo esto me empujaba más hacia abajo y no me dejaba subir.

-        Anita, creo que es el momento de probar este culito tragón que me han dicho que tienes.
-        Es todo tuyo, Arturo…

Noté cómo ponía la punta de su polla en la entrada de mi culo y cómo iba deslizándose poco a poco hacia abajo. Por suerte, mi culo está más que acostumbrado a ser follado y la polla de Arturo entró sin problemas hasta el fondo, me sentía completamente llena.

Notaba cómo la morena se follaba a la otra chica y cómo mi culo empezaba a ser follado. Arturo tenía las manos en mis caderas, el ritmo era lento pero seguro y, de pronto, sin esperármelo, empezó a follarme sin piedad. Me dolía, pero no quería que la sacara, gemía gritaba y no paraba de mojarme, los líquidos de mi coño resbalaban por el dildo y solo podía pensar en esa polla entrando y saliendo de mi culo.

Se volvió a oír un ¡zas! en la habitación. Esta vez eran sonoros azotes sobre mi culo, me estaba poniendo cada vez más perra y Arturo se agarró a mi pelo y se acercó a mi oído:

-        Vaya culo que tienes perra, por esto te trajo Luis aquí: me dijo que era el mejor culo que se ha follado en la vida y no mentía, pero ¿a qué esperas para seguir follándote a tu amiga, eh, perra?

Fue oír eso y no pude parar, empecé a darle duro a la chica al ritmo que me marcaba Arturo. Nuestras caderas iban acompasadas y mi orgasmo cada vez estaba más y más cerca, pero no era el único que se acercaba: detrás de mí, Arturo también estaba a punto de correrse. Gemía y gruñía; el ritmo cada vez era más frenético y, por fin, me la clavó profunda de golpe. Abrí los ojos y nos corrimos a la vez, notaba cómo su semen me llenaba el culito, nuestra respiración agitada encima de las otras dos chicas.

Arturo sale de mí y veo cómo de su polla aún salen restos de semen, así que me doy la vuelta y se lo limpio. Él me sonríe y me ayuda a quitarme el arnés. Veo cómo varios chicos se masturban mientras nos miran, también hay dos parejas al fondo que follan mientras nos ven. Mis dos amigas siguen follando en la cama y un par de chicos se acercan para ocupar mi lugar, pero una mirada de la morena los hacer retroceder.

Recojo mi ropa; necesito una ducha y descansar un poco, así que le pido a Alberto que me lleve a algún sitio donde descansar. Pero cuando me dispongo a abandonar la habitación, oigo una voz a mi espalda:

-        No te olvides de la promesa que me hiciste… Serás mía.

Me giro y veo a la morena mirándome fijamente mientras la pelirroja, a 4 patas, es follada como una perra.

-        Lo sé y seré suya, Señora.

Pero eso es otra historia.

viernes, 20 de marzo de 2015

Probadores (parte 3)

Notaba cómo su pene entraba y salía de mi vagina, acoplándose perfectamente a su grosor; nunca llegaba a sacar la polla del todo de mi coño y eran embestidas rápidas y profundas, sin parar... El chico estaba cada vez más caliente, ya que el ritmo era más y más frenético.

Dejó de sujetarme las muñecas con la mano para pasar a jugar con mis pezones y mi culo, soltándole generosos azotes.

Tuve que apoyar mis manos a la pared para no caerme de la brutal follada que me estaba pegando y no pude contenerme más, empecé a gemir...

- Sabía que al final lo disfrutarías, eres una puta de cuidado!
 
- Cállate y sigue follándome, cabrón!

Mis palabras y gemidos parecían haberle dado alas y no paraba de follarme, llevaba tiempo sin tener un polvo tan bueno y ya casi no me acordaba de que en el fondo estaba siendo violada por un completo desconocido, pero a mi cuerpo poco le importaba ya cómo había llegado a esta situación y sólo sentía el placer que esa polla ejercía en mí.

Y, de pronto, paró. Giré mi cabeza para ver qué coño estaba pasando ahí detrás y, justo cuando iba a abrir la boca para protestar, vi su mirada, llena de lujuria y pasión, y noté cómo la punta de su polla se empezaba a abrir paso por mi culo. Afortunadamente no hizo lo mismo que por mi vagina, ya que me hubiese desgarrado seguramente y fue lentamente, centímetro a centímetro, introduciendo su polla en mi agujero trasero. Casi puedo asegurar que disfrutó con esa penetración de la presión ejercida por mi orto y cómo su pene iba adentrándose.

Por fin llegó al final y chillé. Comencé a insultarlo por el dolor, a lo que él se empezó a reír y, muy lentamente, comenzó un suave vaivén de mete-saca, el pene apenas se movía dentro de mí pero yo notaba eso como si de un hierro candente se tratara. No era virgen de culo, pero nunca me lo habían hecho tan a pelo y, mucho menos, una polla de ese grosor.

- Bueno, creo que esto ya está listo para dejarnos de tantas sutilezas, ¿no crees, putita? - me preguntó.

- Esperaaaaaaaaa...

Pero no conseguí terminar la frase, ya que me sacó más de la mitad de su polla para volver a meterla de golpe, y de mi boca salió un chillido... que pasó a ser un largo gemido...

Las penetraciones eran mucho mas rápidas que antes; estaba disfrutando de cómo era follada por aquel animal, ya que eso parecíamos: dos animales apareándose. Llevé una de mis manos entre mis piernas, buscando mi clítoris para masturbarme al ritmo de las embestidas del chico; mi orgasmo no estaba lejos y, aunque resultara extraño por cómo había empezado todo aquello, lo estaba disfrutando y mucho. Mi mano cada vez iba mas rápido y, mientras, mi amante seguía a lo suyo jugando con mi maltrecho culo, ya que los azotes seguían resonando por toda la calle.

- Perrita, me voy a correr, y quiero hacerlo en esa carita de puta viciosa que tienes. Ponte de rodillas.

Aún no sé por qué accedí sin rechistar, no hizo falta que me pegara: me arrodillé delante de él directamente.

Ahí tenía delante mía el pene que me acaba de violar y yo lo veía mas que apetitoso, así que mientras él se masturbaba cerca de mi cara, yo comencé a chuparle la cabeza, degustando su sabor. Mis dedos jugaban con mi clítoris y mi orgasmo se acercaba, mientras veía cómo el chico cada vez movía más y más rápido su mano.

- Me corro, zorrita!!!!

Saqué mi lengua y varios chorros salpicaron tanto mi cara como mi pelo, el chico soltó un gruñido y metió dentro de mi boca su polla, que seguía escupiendo leche. La tragué sin pensármelo, mientras mis dedos buscaban desesperadamente llevar mi cuerpo hasta el límite, para conseguir mi tan ansiado orgasmo. Mientras notaba cómo el pene que tenía metido en mi boca se iba poco a poco desinflando, mi cuerpo convulsionaba en un intenso orgasmo, tanto que tuve que hacer verdaderos esfuerzos para no caerme nuevamente.

El chico sacó su polla de mi boca y se subió los pantalones, sacó su móvil y me hizo una foto tal y como estaba: de rodillas en el suelo, una mano tapando mi sexo y la cara llena de su semen. No tuve fuerzas para protestar.

- ¿Qué? - Me preguntó.

Levanté la vista para mirarlo, sin saber muy bien a qué venía eso y, antes de que pudiera preguntarle, me espetó.

- ¿Tenía razón o no? Lo ibas a disfrutar, ¿verdad, perrita?

Aún no me creo lo que le respondí, pero de mi boca salieron las siguientes palabras:
 
- Cállate, capullo y dame tu número de móvil...

viernes, 13 de marzo de 2015

Probadores (parte 2)

Lo tenía pegado a mí, así que conseguí tranquilizarme y le di un rodillazo en los huevos. Se dobló al instante y no me paré a decirle nada más, salí corriendo pero mis zapatos de tacón, aunque eran monísimos, eran muy incómodos para correr. No miraba atrás, no quería saber si seguía tirado en la calle o si me venía detrás, lo único que quería era llegar a mi casa. Para eso aún faltaban un par de calles más, pero pasó lo que me temía...

Noté cómo unas manos me agarraban y me tiraban a un callejón. Estaba bastante oscuro y apenas podía ver por dónde iba. Comencé a retroceder buscando una salida, pero mi espalda chocó contra una pared: estaba atrapada!

"ZASSS!" - resonó en todo el callejón. Su mano abierta había impactado en mi cara y me había tirado al suelo, cayendo de rodillas. Las bolsas se dispersaron por el suelo y yo miré a la cara a mi agresor; todavía caminaba encogido por el golpe de antes en sus partes. Me levantó en volandas y, con la cara llena de ira, me besó. Por supuesto, intenté no corresponderle el beso e intenté volver a golpearlo, pero esta vez estaba más separado y sus manos agarraban mis muñecas para imposibilitar mi movimiento.

- ¿Te vas a comportar como una buena puta, o voy a tener que volver a golpearte?

- Suéltame, cabrón! Te voy a denunciar, hijo de puta, se te va a caer el pelo!

- Vale, ya veo que va a ser por las malas entonces...

Me volvió a dar otro tortazo y mis piernas se doblaron, aunque si esta vez no caí fue porque él me estaba sujetando. Llevó mis dos muñecas por encima de mi cabeza y, con la misma mano, me las sujetó. Ya no oponía resistencia y él comenzaba a besarme y lamer mi cuerpo; notaba sus babas por mi cuello y por mi escote y, aunque sentía asco hacia lo que hacía, mi cuerpo reaccionaba completamente distinto a lo que yo sentía, y notaba cómo mi coño cada vez estaba más húmedo...

- Llevas toda la tarde comportándote como una guarra delante de mí y de mi novia, y ahora pretendías irte sin ni siquiera darme tu número, ¿eehh putita?

- Fóllate a tu novia y déjame a mí tranquila, cabrón! - Le dije, conteniendo las lágrimas.

- ¿A mi novia? jajaja Debes de estar de coña, ¿no? ¿Esa puta frígida que no es capaz ni de chúparmela? ¿Ésa que sólo conoce el misionero? No, guapa, te voy a follar a ti y, cuando termine, me vas a pedir que repita...

Y dicho esto se bajó los pantalones, dejando a la vista una polla enorme y muy dura. La verdad es que no estaba nada mal dotado el chaval.

- Veo que te gusta lo que ves, ¿eehh, puta? jeje... Tranquila: la vas a disfrutar enterita, centímetro a centímetro.

Volvió a empezar a meterme mano. pero esta vez fue mas allá y dejó a la vista mis tetas. Su mano seguía sujetando mis muñecas y su boca se adhirió a uno de mis pezones, no dejándolo escapar, mientras su otra mano se fue directa a mis pantalones, bajándolos, para después meter la mano dentro de mis braguitas y descubrir que... ¡¡¡estaba empapada!!!!

- jajaja Veo que lo estás disfrutando, puta... y más que lo vas hacer ahora...

De una sola vez, me dejó completamente desnuda delante de él y, antes de que pudiera hacer nada, me dio la vuelta y me hizo doblar mi espalda, dejado mi húmedo sexo expuesto ante él. No tardé mucho en notar cómo me metía la enorme polla de un golpe, sin preámbulo, sin apenas dilatar mi vagina. Me dolió un poco, pero tengo que reconocer que me gustó y solté un pequeño gemido... y justo en ese instante, empezó a follarme salvajemente...